Cinco cursos, cinco "libros" y una historia que empezó en uno de los momentos más extraños que hemos vivido.
Cuando arrancamos Cocina con Pilar estábamos en plena pandemia. Cocinábamos juntos, sí, pero sin poder catar nada en clase. Era tan surrealista que tuvimos que inventar una solución que, sin saberlo, se convertiría en tradición: los tres tuppers. Cada jueves salíamos con una ración del entrante, otra del primero y otra del postre, para degustarlas en casa con calma y comentarlas después en nuestro grupo de WhatsApp. Aquello nos mantuvo unidos cuando todo alrededor estaba lleno de distancia.
Hoy miro los cinco cuadernillos que hemos creado —uno por cada curso— y veo mucho más que recetas. Veo memoria, compañía, aprendizaje y una forma de celebrar la vida a través de la cocina.
En total, 42 recetas al año. Cuarenta y dos oportunidades de explorar, de mejorar, de sorprendernos. Y siempre con una premisa clara: mi cocina no se repite. No voy a enseñaros una tortilla de patata, ni una paella clásica, ni unas croquetas. Eso ya lo sabéis hacer. Mi cocina innova desde lo conocido, juega con lo clásico, lo revisa, lo afina, lo transforma. Cada curso es un laboratorio donde lo tradicional se encuentra con lo inesperado.
Quizá por eso, después de cinco años, sigo con la misma ilusión del primer día. Y con ganas de más. De hecho, me ronda una idea: Recuperar el espíritu de mi antiguo programa de radio, Malcomidos y Chandros, y crear un curso pensado para quienes empiezan una vida nueva o quieren cocinar para sí mismos con alegría: parejas jóvenes, singles, divorciados, viudos… gente que quiere comer bien sin complicarse, pero sin renunciar al placer de un plato bonito y bien hecho.
Porque al final, todo esto —los cursos, los libros, los jueves, los tuppers, las risas— nace de lo mismo: seguimos cocinando porque nos hace felices. Porque cada receta es una historia. Porque cada jueves es un regalo.
¡Felices Vacaciones!




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